Escuchad hermanos, porque me ha sido revelado el devenir de
los tiempos.
Vi en una estancia que había veinticinco tronos, unos más
grandes y otros más chicos, más sólo dos de ellos prevalecían con una reina de
ojos claros y un rey. Los ocupantes de los tronos grandes daban trigo a los
ocupantes de los tronos pequeños, pero hete aquí que algunos gobernantes de los
tronos pequeños no repartían el trigo entre su pueblo sino que lo trocaban por
vino y festejaban y bebían sin mesura.
Debajo del trono azul y blanco festejaron tanto y bebieron
tanto vino que los tronos grandes dijeron – “Sois la vergüenza de esta sala.
Limpiadlo todo y alimentaros de poco trigo y hierbas del campo o seréis
expulsados de la sala”. Pero ellos rieron y siguieron bebiendo mientras decían
– “¿Acaso somos los únicos que festejan? ¿Tendrán nuestros hermanos el valor de
expulsarnos a las penalidades de comer hierbas del campo? ¿No saben que después
de nosotros, ellos tendrán que dejar el festejo y alimentarse de poco trigo y
hierbas del campo?” Y el rey y la reina de los grandes tronos miraban
incrédulos y compungidos.
Un ser alado, mitad ángel y mitad demonio me llevó delante
de un granero y me dijo “mira”. Era el granero de los veinticinco y estaba casi
vacío. Y aunque de una cornucopia manaba trigo, cada vez era en menos cantidad
y más pequeño y ennegrecido. Luego me señaló los rostros de los dos reyes y en
ellos pude ver el miedo.
La reina de ojos claros dijo – “¿Tendrán que pasar hambre
los pueblos diligentes por la actitud de los pueblos disolutos? Sería injusto y
malvado” Así que bajo la mirada de los otros reyes empujó por la ventana de la
estancia el trono azul y blanco que tuvo que alimentarse desde ese día de las
hierbas del campo.
Los otros gobernantes sintieron vergüenza e iban al trono de
la reina suplicando y rasgándose las túnicas en juramentos. –“No beberemos ni
festejaremos más y haremos panes con el trigo que nos das. Cuidaremos los
campos y al cabo del tiempo te devolveremos el trigo que de ellos nazca” Y así
lo hacían algunos y otros no.
Debajo de un trono de oro y sangre donde reinaba un rey
barbado se encontraban diez y siete tronos de barro que festejaban sin parar
del vino que se les daba, pero los pobladores callaban porque recibían diversiones
y alimento. Por estar entretenidos en el festejo los campos estaban mal
cuidados y se agostaban, mas la gente decía – “No importa, porque desde el
trono de oro derraman riquezas sin fin y si necesitamos más, en la sala de los
veinticinco pediremos más trigo.”
Al terminarse el vino y estar los campos descuidados el
pueblo hambriento preguntaba de qué servían los tronos de barro si tenían un
trono de oro y sangre. Y vi como los tronos de barro se deshacían los unos y se
quebraban los otros y algunos querían guardar trigo para sí a espaldas de los
demás y abandonar al resto, mas no podían porque eran pequeños, débiles y
pobres.
El ser alado me llevó de vuelta a mi tierra y con la voz del
demonio me dijo que me revelaría más cosas y con voz del ángel me dijo que
mientras guardara prudencia, trabajo y comida sería salvo pero que días de
agitación estaban por venir.
Y así os lo comunico hermanos, hasta la próxima revelación.



