domingo, 29 de julio de 2012

Estamos irremediablemente condenados

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No quiero parecer apocalíptico, ni agorero, sino ponerles delante la realidad como yo la veo. Es una opinión que me he ido formando en los últimos cuatro años y que he ido reflejando es este blog. Les he contado como consumidor las subidas de impuestos que sufrimos desde hace años, las pérdidas de libertades, el sistema político infecto e infectado que sufrimos, la percepción de crisis de los últimos años y cómo todo desemboca en el título de este post.
Intentaré resumirles nuestro camino de perdición:

1.- En los últimos años, la deuda soberana no ha dejado de crecer. Concretamente desde que ZP ganó las elecciones de 2008 regalando pasta y negando crisis alguna. ¿En qué se gasta ese dinero que pedimos prestado fuera?

2.- Todo ese chorro de millones pedidos a través de Letras y Bonos del tesoro no van a financiar grandes inversiones sino que se dedican a pagar gasto corriente. Es decir, es como si usted pide un crédito al banco para pagar la comida y los gastos básicos en vez de para comprar un bien de inversión como una vivienda o algo que requiera de financiación mayor.
Un ejemplo: Usted gana 80 y gasta 100 por todos los conceptos, ergo, necesita una financiación de 20 este año. Si no varía nada sus gastos ni ingresos, el año que viene tendrá que volver a pedir 20 más los intereses de los 20 que le dejaron el año pasado (a eso se le llama refinanciar la deuda). Lo pueden ver de una manera más gráfica en esta presentación.
Y ahora para que vean a lo que me refiero como país, le pueden echar un vistazo a los Presupuestos Generales del Estado. Verán en la página 46825 que la cantidad asignada para intereses de deuda es 28.000 MM€ de un presupuesto total de 214.000MM€ y unos 114.000 MM€ son para transferencias (pensiones y paro principalmente). El resto es gastos del Estado (funcionarios, CCAA, inversiones, etc.).

3.- Para romper el círculo anterior hay que aumentar ingresos, pero inexcusablemente reducir gastos. Aquí está el meollo de la cuestión. De entrada habría que recortar 28.000 MM€ de intereses de deuda sólo para estabilizar la situación. ¿Los quitamos de los salarios de los funcionarios o a los pensionistas y parados? Cualquier solución es dolorosa. Pero lo peor es que hace falta mucho más. La cantidad a financiar con Deuda este año es de unos 60.000 MM€. Eso significa que habría que reducir al menos esta cantidad dado que no podemos financiarlo con fondos propios (impuestos). Pero claro ¿Qué gobierno está dispuesto a pegar un hachazo del 40% a las finanzas del Estado? Ninguno, aparte de las dificultades técnicas que implica hacerlo incluso en 4 años.

4.- Volver a una situación  similar a la de 2007 implicaría despedir a un millón de empleados públicos, reducir las prestaciones sociales, como paro y pensiones y por supuesto eliminar cualquier gasto no esencial y alguno que otro que se ha convertido en esencial. Las CCAA deberían prácticamente desaparecer de facto y los ayuntamientos volver a sus competencias locales y pequeñas que tenían antaño.

A partir de este punto y no antes, podríamos pensar en una recuperación con miles de cadáveres de pobreza dejados en el camino y con la vista puesta en que las mejoras reales no las veremos nosotros sino la próxima generación.

Como ven, la situación es imposible de superar a corto plazo y con criterios políticos normales. No hay valor, no hay voluntad, no hay dinero y no hay nada que hacer. Un hipotético “rescate” es como la metadona para un yonqui; si no se cura de su drogadicción, se hará adicto al sustituto. Un rescate sólo alargará nuestra agonía. Cada vez que se dice en los medios que la subasta de Letras del tesoro ha ido muy bien porque se ha colocado todo es otra mentira en vena de los pobres españoles. No sé cuándo ni cómo será, pero quebraremos pronto.

No busco culpables, ni señalo con el dedo a nadie. Sencillamente les hago notar que estamos condenados a la quiebra como país y al empobrecimiento generalizado. Estamos condenados a desandar muchos caminos placenteros. Los que no los conocieron serán más felices que los que perdieron el Paraíso. Estamos condenados a ver cosas que creímos que nunca más veríamos pero sobre todo, estamos condenados a la cárcel interior que representará preguntarnos durante años si podíamos haber hecho algo para evitarlo.


viernes, 20 de julio de 2012

El precio del aire

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Para que vean que nada es nuevo y todo está inventado, hace más de 20 años hablaba con mis padres sobre la crisis de entonces y las subidas de precios y lo mal que estaban las cosas. Fue entonces cuando me dijeron que si alguien pudiera poner un tubito a toda la gente para cobrarles por el aire que respiran sería el mejor negocio del mundo porque podría ponerse el precio que se quisiera, además de controlar el mundo. Al que se ponga chulo se le aprieta el tubito y cuando se empiece a poner morado se le pasa la tontería.
Siempre me causó mucha curiosidad y fascinación esa idea y cuando estudié economía pude clasificar el aire como un bien de demanda absolutamente rígida, es decir, no puedes dejar de consumirlo esté al precio que esté porque no hay un bien sustitutivo.

Si lo piensan da miedo ¿verdad? Un ente superior a ti que puede decidir el dinero que te va a quitar porque en caso contrario no podrás seguir con tu vida normal.
Pues mucho me temo que ya hemos llegado a un punto cada vez más cercano a poner precio al aire que consiste en poner el precio que se quiera a la electricidad.

La electricidad yo diría que es el producto más básico que existe hoy en día después del aire, el agua y la comida. Sin electricidad no podemos llevar una vida normal con unas bombillas con qué iluminarnos o una nevera donde conservar la comida, o una tele con que lavarnos el cerebro. No. No se puede. El que diga que se puede vivir sin luz o sin nevera miente o no sabe de lo que habla. Lo más parecido que yo he vivido es irme de acampada en medio de un monte y aún con todo, llevaba una linterna y cada dos o tres días me podía duchar en algún lugar. Pero eso no es vivir sino sobrevivir y no hablamos de eso en una sociedad moderna.

Parece que ya se han dado cuenta del tema todos los que pueden meter la cuchara; las compañías eléctricas cobran lo que quieres en función de oscuras fórmulas de subastas de energía, y el gobierno cobra los impuestos que quiere sobre la electricidad; 4% porque sí, pluses por la minería del carbón (esa que tanto jalean los progres y los pobres) y el IVA en forma de doble imposición sobre los anteriores.
La electricidad es nuestro nuevo aire por el que pueden cobrar lo que quieran. Da igual las subidas que experimente porque seguiremos consumiéndola. Podremos ajustar un poco el consumo, pero llegado cierto punto no podemos reducir más y los términos fijos y variables pueden subir lo que quieran también. Si te pones chulo y no pagas te quedas a oscuras y no hay más vuelta de hoja.

Empecé a escribir este blog hace más de tres años precisamente por las subidas de la electricidad, constantes, enormes, confiscatorias, cabreantes y sin ningún lugar para la protesta.
Es curioso, porque si el Gobierno hubiese decidido cobrar un impuesto especial sobre la electricidad del 7% en vez de quitarle la extra a los funcionarios, posiblemente recaudaría más porque todos apoquinarían y todo el mundo se quedaría tranquilamente en casa pagando y viendo la televisión en vez de montar el pifostio y saliendo a la calle.

Señores, el tubo del aire existe y ya lo empiezan a apretar.


viernes, 6 de julio de 2012

Sueños de otra época

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Hemos hecho un lavado de cara a la casa. La Sra. Kutusova (sea por veinte generaciones bendita) dijo acertadamente que necesitábamos un cambio en nuestro entorno y a la obra se puso una cuadrilla de rumanos que pintaron el salón, el comedor, la escalera los techos y los pasillos para posteriormente acuchillar el parquet y nuestra cuenta corriente, pero el resultado ha merecido la pena.
Evidentemente hemos tenido que vaciar las habitaciones a reformar y salieron muebles y cajas llenas de enseres que al tener que volver a guardarlas nos han hecho reflexionar.

Hace quince años que la Señorita Malina se convirtió en la Señora Malina Kutusova. Por aquel entonces éramos jovenzuelos e inexpertos y nos faltaba un hervor en cuanto a lo que la vida nos deparaba, pero para aconsejar sobre las cosas cotidianas están las madres, que estaban muy ilusionadas con tan sonado enlace. Y nosotros, como buenos hijos que somos, hicimos caso a nuestras madres que nos aconsejaron poner en la lista de bodas cosas fundamentales en una casa; una vajilla, una cubertería, cristalería, mantelería, juegos de vasos de whisky, juegos de café, té, y demás parafernalia de menaje del hogar. Si mañana un hijo mío se fuera de casa no le diría algo muy diferente en el fondo pero sí en los detalles. Me explico.

Nuestra vajilla es una de loza de la cartuja de Sevilla con 12 servicios de platos llanos, soperos, de postre, tazas de consomé con sus platos, 12 tazas de té con tetera, lechera y azucarero, 12 tazas de café con sus platos, cafetera, lechera y azucarero, bandejas redondas y alargadas (4), salseras (2) y 12 platos extra para pastas, sin olvidar una sopera con tapa y una ensaladera.
La cristalería de Villeroy & Bosch consta de 12 servicios de copas de agua, copas de vino blanco, copas de vino tinto y copas para espumosos (total 48 piezas). Para acompañar en la mesa con bajoplatos de plata inglesa de Montejo con sus platos de pan a juego. La cubertería es normalita, de acero inoxidable de estilo clásico. Manteles de hilo con 12 servilletas. Como ven, la mesa para agasajar a un marqués. Todo tenía lógica. “¿Y si tienes que invitar a tu jefe a cenar a casa? ¿Y si tienes que dar una cena de compromiso?... “  Yo particularmente recuerdo que en mi casa había invitados como poco cada dos semanas en los que se desplegaba toda la parafernalia, muchacha uniformada y los niños teníamos estar en perfecto estado de revista cuando llegaban los invitados para saludarles y retirarnos al otro lado de la casa acto seguido. Claro, lo lógico sería que continuáramos las costumbres de nuestros mayores para lo cual hacía mucha falta todo ese despliegue.

Después de quince años el balance de uso de nuestros regalos de boda  es el siguiente: La vajilla la hemos usado en celebraciones o cuando nos juntábamos más de seis personas, pongamos cuatro veces al año. La cristalería dudo haberla usado más de una vez al año y las mantelerías de hilo están prácticamente sin usar. Los bajoplatos de plata jamás hemos encontrado el momento de estrenarlos, así que en su caja siguen.
Nuestro estilo de vida ya no incluye visitas sociales, ni el jefe viene a ser agasajado a casa, ni tengo que invitar a clientes. Cuando mis amigos vienen a casa, lo hacen con toda la confianza con la que voy yo a la suya y no hay ya tanto protocolo como antes. Está claro que nos aconsejaron con la mejor intención y nosotros creímos que el estilo de vida que llevaríamos sería como el de nuestros padres pero no fue así. No digo que sea ni mejor ni peor sino que es completamente distinta.

Nuestros sueños de juventud eran los sueños de juventud de otros. Eran sueños de otra época…