domingo, 26 de febrero de 2012

Una buena idea… ¡Por fin!

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Como en el país de los ciegos el tuerto es el rey, cuando el gobierno en España hace algo que no es una cantinflada hay que celebrarlo y mucho. En el Consejo de Ministros del Viernes se ha aprobado un mecanismo de financiación a las entidades locales para el pago a proveedores o sea, que resulta que han decidido pagar lo que deben a los proveedores de las administraciones públicas mediante un sistema de crédito de la Administración Central a las locales (Comunidades y Ayuntamientos).

Los ayuntamientos y CCAA se dedicaron a contratar servicios sin tener en cuenta los costes y su presupuesto. Los proveedores se acostumbraron a que la administración les pagara tarde pero precios inflados por lo que los interese de demora estaban en cierta medida embebidos en el precio. Pero el globo se siguió hinchando hasta que explotó en forma de retraso mortal. Si yo me retraso en un pago no es un impago, pero si me retraso eternamente y aunque el reconocimiento de deuda exista, se convierte de facto en un impago. Y me da igual el tratamiento contable porque una empresa se puede ir a pique por los problemas de liquidez que esto ocasiona.

Las pegas que he escuchado contra esta medida son que realmente esto hará que el déficit público aumente, aunque lo haga sólo por la cuantía de las facturas no declaradas, pero lejos de ser malo, cualquier regularización que nos ponga en nuestro sitio (frente a Europa, o a nosotros mismos) es buena. Poner orden en las cuentas aunque no nos gusten es algo necesario.

Esta operación ya no servirá para salvar a todas las empresas que cerraron, pero puede salvar muchas otras, además de poner en circulación una cantidad apreciable de liquidez en el sistema. Con este dinero que se adeuda a la empresa privada, se harán pagos a su vez a otras empresas que lo están esperando con lo que cabe pensar que si bien no se arreglará la crisis con esto, sí se colocarán muchas cosas en su lugar. En la economía el orden es algo muy valioso y el caos y el desorden sólo produce pérdidas e ineficiencias por no hablar de corrupciones.

En un lugar del decreto se dice que se primará el pago a las empresas que realicen quitas a la deuda y por antigüedad de la factura. No me parece mal, pensando en que muy probablemente se cobró el sobreprecio que mencionaba hace unas líneas y que una forma de ordenar el pago sea por una especie de sistema FIFO.

Y lo que más me hace abrigar esperanzas en esta medida que tiene toda la pinta de estar inspirada por mi admirado Cristóbal Montoro es que realmente nadie de la izquierda ha puesto un pero, ni ha dicho nada. ¿Tendrán mucho que callar o es que no ven resquicio por donde meterle mano? ¿Se habrán dado cuenta de que ellos no supieron tomar decisiones inteligentes y los nuevos sí?

Esperemos que la cosa funcione.


sábado, 18 de febrero de 2012

Carnaval

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Les confesaré algo. No me gustan los carnavales. En general los festejos populares no me gustan, no me divierten y me agobian. He cumplido mi deber de llevar a mis hijos a desfiles de carnaval, cabalgatas, ferias, circos y festejos porque privarles de eso sería una falla en su educación, pero ya ha pasado.
Como siempre pasa, las cosas pierden su sentido y el carnaval no es excepción. Supongo que tendría mucha importancia cuando las buenas gentes del pueblo tenían una oportunidad de desquitarse por adelantado de los 40 días de la Cuaresma y la Semana Santa, obligados al ayuno y la abstinencia  (Tardé algo así como 30 años en entender qué era la abstinencia. Hasta entonces creí que era una expresión redundante eso de la carne), pero ustedes me dirán quien en este mundo y en este país tan católico cumple con los preceptos de la Cuaresma. Ni Dios, con perdón. Así que una fiesta pobretona y deprimente se ha perpetuado durante siglos.

Carnaval es el tiempo de romper las reglas, dicen, y por eso la gente se disfraza y se suelta la melena. ¿No será que el que se viste de mujer le mola el tema? ¡Hombre de Dios! No tiene que esperar al Carnaval. Tiene el resto del año, incluído el día del Orgullo Gay para hacerlo. ¿Qué quiere “desparramar” como nunca? ¿Acaso no lo hace todos los fines de semana? ¿No? Será porque no quiere.

Siguiente punto. La vergüenza ajena que me da todo esto. Me gusta decir que yo me eduqué en la postguerra (la de Vietnam) y por eso muchas cosas me dan corte, y el Carnaval es una de ellas. Gente disfrazada en grandes cantidades.. malo, malo… ¡Mamá, tengo miedo! ¡No dejes que se me acerque ese tío con aspecto de drogata y peluca rubia! Profesores en los colegios haciendo el paripé, tontunas en el telediario, chirigotas de Cadiz… todo de vergüenza.

Sólo salvo de mi particular quema algo barroco y decadente como yo; el Carnaval de Venecia con sus trajes y máscaras. Lo veo en la distancia y me gusta. Supongo que estar allí me agobiaría lo mismo.

sábado, 11 de febrero de 2012

Trabajo, libertad e intervencionismo.

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Un amigo tuitero (bueno, varios) lanzaban la siguiente pregunta. ¿Cómo es posible que abaratando el despido se cree empleo? Y yo recojo el guante para responderles.

Quisiera abordar el tema desde la perspectiva de los sistemas económicos liberales o intervenidos, viendo las ventajas e inconvenientes de cada uno y su relación con el desempleo. Les aconsejo que lean los links que les dejo en varios conceptos si no están familiarizados con ellos para una mejor comprensión del post.

Partamos del primer extremo. La libertad absoluta.  Imaginen que pueden negociar lo que quieran con otra persona  en el supuesto de que lo que se pacta se cumple. En condiciones de competencia perfecta significa que un empleador ofrecerá el menor sueldo posible a los trabajadores que quiere emplear. La ley de oferta y demanda sigue siendo de aplicación por lo que si un empleador ofrece 1€ al día de sueldo pero otro empleador ofrece para el mismo trabajo 2€ al día, este último se llevará al currito. En fin, que el salario se equilibrará entre la oferta de los empleadores que necesitan empleados y la demanda de los empleados que necesitan trabajar. Evidentemente, ni el empleador pagará salarios que le hagan entrar en pérdida ni el trabajador aceptará un salario que no le merezca la pena. Ese salario se llama salario de mercado. Al final, todos los empleadores que ofrezcan un salario por debajo de del de mercado se quedarán sin trabajadores. Igualmente, si ofrecen un salario por encima del de mercado harán atractiva su empresa a los trabajadores.

Pero como ya saben la vida no es así de perfecta sino que hay una cosa que se llama Estado que interviene regulando este mercado. ¿Cómo? Haciendo pagar cotizaciones sociales, marcando un salario mínimo, estableciendo clausulados obligatorios en los contratos o imponiendo indemnizaciones por despido. Todas estas restricciones distorsionan ese mercado perfecto del que hablábamos antes, tanto más cuantas más restricciones haya. Y al final la distorsión se puede mostrar de muchas maneras; falta de productividad por costes laborales elevados, nepotismo en la contratación, corrupción y en general tomas de decisiones no lógicas a la hora de montar una empresa. Les ponía un ejemplo en este post  en el que concluía que los empresarios tienen miedo a contratar, pero hay más efectos perversos. Imaginen que una Pyme de 10 empleados pasa por horas bajas y no hay trabajo para los 10 empleados porque los pedidos sólo dan para 5. El empresario no puede despedir a cinco ni a tres porque las indemnizaciones le dejarían en la calle, con lo que la espiral de pérdidas de la empresa es imparable y termina indudablemente en el cierre y los 10 en la calle. Esto es lo que se llama inflexibilidad laboral. O todos cobramos o la puta al río.

Un porcentaje muy pequeño de empresas se arruina o no prospera en sus cinco primeros años de vida. Sabiendo esto eso ¿Usted contrataría a alguien si tuviera que indemnizarle con un dineral como si le hubiese hecho algo malo que no sea darle un trabajo remunerado? Yo mismo he vivido ese caso. La Sra. Kutusova y yo pusimos una tienda y como teníamos miedo de contratar a un dependiente, al final llamamos a un familiar para que nos ayudara. Y en un año cerramos (sí, la cagué) Si hubiese tenido que indemnizar a una persona con 45 días hubiese tenido un problemón adicional al de arruinarme. Digamos que como las cosas te van mal, si no quieres caldo tomarás dos tazas así que te arruinas un poco más. Pero tengo un ejemplo más sangrante de lo que es la inflexibilidad laboral.

Mi padre tenía allá por los años 70 un estudio de dibujantes que hacía trabajos a empresas diversas y tenía contratadas a cinco personas. A finales de los 80 las cosas empezaron a ir mal porque los contratantes daban menos trabajo, los precios bajaron, etc. con lo que la empresa empezó a dar pérdidas. Mi padre pensó que con tres trabajadores podría tirar, pero se encontró que despedir a dos empleados que llevaban 20 años en la empresa costaba el equivalente a todo su patrimonio, y dado que era una empresa unipersonal, representaba dejar a su familia en la calle. Así que se pasó varios años trabajando en otros temas para mantener la empresa y los cinco trabajadores además de su familia. Se tuvo que morir en 1992 para poder liquidar la empresa.

Pero vamos a la parte esperanzadora. Fijémonos en un país como Estados Unidos. La intervención estatal es baja en lo tocante al mercado laboral. Puedes ser contratado un día y despedido al siguiente porque así lo considere el empleador. ¿Eso es malo? Bueno, lo cierto es que la movilidad, la productividad y la facilidad para encontrar otro puesto de trabajo es muchísimo más elevada que en Europa y desde luego, que en España. Lo que busca la reforma laboral abaratando el despido e incentivando las contrataciones es precisamente que alguien que necesita un empleado no tenga miedo a contratarlo.

Con las reformas que se han aprobado ayer flexibilizando el mercado laboral puede que ocurran varias cosas. Puede que efectivamente muchos empresarios aprovechen para despedir a gente porque les sobre pero ¿realmente creen que los empresarios quieren despedir personas porque son unos malvados demonios? NO. Despedir a algunos puede significar salvar muchos puestos de trabajo.
Si se disipa el miedo a contratar, muchos de los parados que hay ahora puede que encuentren un trabajo. Tal vez no sea el mejor trabajo del mundo ni el mejor pagado, pero como he leído esta mañana en una columna ¿quieren pensar en trabajar o en el despido? Parece más razonable pensar que es mejor un trabajo sin derecho a indemnización que un paro con derecho a nada.
Otra cosa que debería ocurrir es que se va a acrecentar la meritocracia y la productividad por lo tanto. Los mejores prosperarán y será más difícil para las rémoras empresariales vivir escudados en un despido imposible. Eso al final lleva aparejado un cambio de mentalidad colectivo que produce riqueza y bienestar y nos despierta del sueño de que todo nos es debido sin hacer nada a cambio. No me malinterpreten; ya sé que la vida no es perfecta, que está llena de cabrones y que “shit happens” pero la libertad en el mercado laboral nos dará más responsabilidad, más oportunidades y eso representa más justicia, más bienestar y posiblemente más felicidad.
Hay que reactivar la Mano invisible que decía Adam Smith y el laissez faire potenciando la libertad de trabajar, de contratar, de despedir, de comerciar. Dejar que las cosas se equilibren por sí mismas. El sistema funciona si dejan que funcione. Ya sé que soy un economista demasiado clásico y burgués, pero les planteo dos preguntas.
Si usted es un trabajador ¿Qué prefiere en caso de despido? ¿tener más posibilidades de ser contratado en otro empleo o jugársela a una indemnización que puede que no llegue jamás por liquidación de la empresa?
Si usted está en paro y busca un empleo ¿Realmente está pensando en qué indemnización por despido le van a dar?


domingo, 5 de febrero de 2012

Jefas

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En mis últimos diez años laborales, he tenido jefas directas. Concretamente dos, y ahora una tercera. Y debo reconocer que me he llevado muy bien con ellas y he trabajado muy a gusto bajo su mando. Estas mujeres tienen unas características comunes; son de mi edad, casadas, con hijos, estudios y muy trabajadoras. La palabra escaqueo no existe para ellas. Todas tienen claro que han partido de una situación en la que para llegar al mismo sitio tienen que demostrar más que los hombres. Y causan dos tipos de reacción en sus compañeros; admiración o desprecio. Por suerte cada vez más de lo primero que de lo segundo (en eso se nota el cambio de los tiempos). Creo que me llevo bien con ellas porque tengo más o menos el mismo nivel de formación, estoy casado con hijos y no me gusta el fútbol. Sus problemas y los míos por lo tanto suelen ser parecidos. Y sí, confieso mi admiración y respeto por ellas.
Con las mujeres políticas hay notables diferencias. Las hay con estudios, casadas, con hijos y posturas vitales que se parecen mucho a las que yo defiendo, como pudiera ser Esperanza Aguirre o Rosa Díez y las hay que no han hecho la O con un canuto y defienden lo indefendible (desde mi humilde punto de vista) como Leire Pajín o Bibiana Aído. (por favor, miren los vínculos al historial de cada una) Curiosamente las más inútiles son las que defienden las cuotas, el juego sucio de imponer mujeres en puestos directivos, valgan o no para ello, por el mero hecho de ser mujer. Si yo fuese mujer, eso me molestaría enormemente porque sería como reconocer una inferioridad que no creo que sea cierta. Las leyes de paridad son tan injustas que hasta las propias mujeres del PSOE (las que tienen cierta valía, claro) las ven con recelo por lo que representan. La cuota de mujeres es igual de inadmisible que cualquier otra cuota por discapacidad, tendencia sexual, raza, religión o la que se le ocurra al iluminado de turno. El/la que vale, vale y el/la que no a Económicas, que es lo que se decía en mi carrera.
Otro interesante ejemplo se ha visto este fin de semana en el congreso del PSOE. Se presentaba Chacón contra Rubalcaba para presidir el partido y posiblemente para ser candidato a la presidencia del gobierno. Se escuchaba la monserga de lo bonito que sería que una mujer (por fin) fuese presidenta del gobierno ante lo cual no puedo dejar de pensar “Sí, pero no esa”. Si una mujer lleva las riendas del país, que sea por sus méritos y no por sus características físicas. Y Chacón no tiene mérito alguno, ni preparación, ni oratoria, ni sentido de Estado. Por no tener no tiene ni encanto. Puede que Rubalcaba no sea santo de mi devoción pero al lado de esta señora, es como Adenauer y Churchill juntos.
Y volviendo a mis jefas y a esta dosis de peloteo que por suerte no creo que lean jamás, ya no concibo mi vida sin una mujer dándome órdenes sabias la mayor parte de las veces, ¿Verdad, Señora Kutusova?