viernes, 6 de julio de 2012

Sueños de otra época


Hemos hecho un lavado de cara a la casa. La Sra. Kutusova (sea por veinte generaciones bendita) dijo acertadamente que necesitábamos un cambio en nuestro entorno y a la obra se puso una cuadrilla de rumanos que pintaron el salón, el comedor, la escalera los techos y los pasillos para posteriormente acuchillar el parquet y nuestra cuenta corriente, pero el resultado ha merecido la pena.
Evidentemente hemos tenido que vaciar las habitaciones a reformar y salieron muebles y cajas llenas de enseres que al tener que volver a guardarlas nos han hecho reflexionar.

Hace quince años que la Señorita Malina se convirtió en la Señora Malina Kutusova. Por aquel entonces éramos jovenzuelos e inexpertos y nos faltaba un hervor en cuanto a lo que la vida nos deparaba, pero para aconsejar sobre las cosas cotidianas están las madres, que estaban muy ilusionadas con tan sonado enlace. Y nosotros, como buenos hijos que somos, hicimos caso a nuestras madres que nos aconsejaron poner en la lista de bodas cosas fundamentales en una casa; una vajilla, una cubertería, cristalería, mantelería, juegos de vasos de whisky, juegos de café, té, y demás parafernalia de menaje del hogar. Si mañana un hijo mío se fuera de casa no le diría algo muy diferente en el fondo pero sí en los detalles. Me explico.

Nuestra vajilla es una de loza de la cartuja de Sevilla con 12 servicios de platos llanos, soperos, de postre, tazas de consomé con sus platos, 12 tazas de té con tetera, lechera y azucarero, 12 tazas de café con sus platos, cafetera, lechera y azucarero, bandejas redondas y alargadas (4), salseras (2) y 12 platos extra para pastas, sin olvidar una sopera con tapa y una ensaladera.
La cristalería de Villeroy & Bosch consta de 12 servicios de copas de agua, copas de vino blanco, copas de vino tinto y copas para espumosos (total 48 piezas). Para acompañar en la mesa con bajoplatos de plata inglesa de Montejo con sus platos de pan a juego. La cubertería es normalita, de acero inoxidable de estilo clásico. Manteles de hilo con 12 servilletas. Como ven, la mesa para agasajar a un marqués. Todo tenía lógica. “¿Y si tienes que invitar a tu jefe a cenar a casa? ¿Y si tienes que dar una cena de compromiso?... “  Yo particularmente recuerdo que en mi casa había invitados como poco cada dos semanas en los que se desplegaba toda la parafernalia, muchacha uniformada y los niños teníamos estar en perfecto estado de revista cuando llegaban los invitados para saludarles y retirarnos al otro lado de la casa acto seguido. Claro, lo lógico sería que continuáramos las costumbres de nuestros mayores para lo cual hacía mucha falta todo ese despliegue.

Después de quince años el balance de uso de nuestros regalos de boda  es el siguiente: La vajilla la hemos usado en celebraciones o cuando nos juntábamos más de seis personas, pongamos cuatro veces al año. La cristalería dudo haberla usado más de una vez al año y las mantelerías de hilo están prácticamente sin usar. Los bajoplatos de plata jamás hemos encontrado el momento de estrenarlos, así que en su caja siguen.
Nuestro estilo de vida ya no incluye visitas sociales, ni el jefe viene a ser agasajado a casa, ni tengo que invitar a clientes. Cuando mis amigos vienen a casa, lo hacen con toda la confianza con la que voy yo a la suya y no hay ya tanto protocolo como antes. Está claro que nos aconsejaron con la mejor intención y nosotros creímos que el estilo de vida que llevaríamos sería como el de nuestros padres pero no fue así. No digo que sea ni mejor ni peor sino que es completamente distinta.

Nuestros sueños de juventud eran los sueños de juventud de otros. Eran sueños de otra época…


3 comentarios:

Carolus dijo...

Sr. Kutusov, los que tenemos cierta edad estamos en casos similares. Por eso no es conveniente batallar en batallas ajenas ni soñar sueños de otros, aunque seav de la familia

Saludos

Anónimo dijo...

Espero que los Rumanos estuvieran debidamente dados de alta en la SS y demás... Y que pagaran el IVA religiosamente, para ayudar a que salgamos de la crisis.

Pacopeg dijo...

Cuanta razón... Coincidimos en la vajilla