No me pregunten porqué pero cuando me llaman a mi teléfono móvil tengo la tendencia de ir de paseo. No me puedo quedar sentado en mi sitio hablando. Con el fijo no me queda más remedio, pero con el móvil me muevo pasillo arriba y pasillo abajo y lo gracioso es que no soy el único. Me cruzo con gente que va hablando por teléfono o si tienen un auricular parece que van hablando solos; unos ríen y otros gritan, algunas lloran, pero todos se mueven de aquí para allá. Como si de una película de ciencia ficción se tratara, cualquier persona que desarrolla su trabajo de repente es convocada por un timbre y como hipnotizada, se levanta y empieza a pasear mientras habla. Nadie está ya a salvo de ello. Yo mismo me doy cuenta de que no puedo resistirme a esa nueva maldición, a ese baile de San Vito que me impulsa a levantarme y moverme mientras hablo.
Hace cuatro años me mandaron a una oficina nueva donde estábamos unas 200 personas en un área de trabajo. Quedaba una zona libre alejada de las mesas que tenía dos columnas en medio. Cuando llamaban a alguien por teléfono se levantaba y como un zombi se dirigía a esa zona donde se ponía a caminar lentamente alrededor de las columnas. He llegado a contar hasta cinco personas rodeando lentamente las columnas, todos en la misma dirección mientras hablaban, mejor dicho, mientras hablábamos por teléfono ya que yo era uno de ellos. Nadie parecía reparar en los que caminaban y hablaban a su lado con las miradas perdidas o bien fijas en un interlocutor que no estaba allí. Al colgar y no antes, me vino a la memoria una escena de la película El Expreso de Medianoche que les muestro a continuación. En ella, en la prisión turca los reclusos caminaban lentamente alrededor de una columna, murmurando como idos, y el protagonista americano, superado por la situación se unía a ellos como uno más
Finalmente volvimos a cambiar de oficina y en el pasillo central del nuevo edificio hay carteles en los que dice que por favor hables por el móvil desde tu sitio porque molestas a los compañeros. Por supuesto se hace caso omiso de dichos carteles y ahora en vez de columnas tenemos una escalera circular y un pequeño pasillo de paso. Pero se nos queda pequeño y acabamos en el gran pasillo central, pasillo arriba, pasillo abajo, hasta que cuelgas y teléfono y tardas unos segundos en ubicarte para volver a tu sitio. Somos zombis habladores a tiempo parcial, los modernos “Talking Dead” que pululan durante un rato por todas las empresas y todavía no se ha encontrado un remedio para este mal.
Lo cierto es que echo de menos mi columna de hablar.


