sábado, 26 de noviembre de 2011

The Talking Dead

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No me pregunten porqué pero cuando me llaman a mi teléfono móvil tengo la tendencia de ir de paseo. No me puedo quedar sentado en mi sitio hablando. Con el fijo no me queda más remedio, pero con el móvil me muevo pasillo arriba y pasillo abajo y lo gracioso es que no soy el único. Me cruzo con gente que va hablando por teléfono o si tienen un auricular parece que van hablando solos; unos ríen y otros gritan, algunas lloran, pero todos se mueven de aquí para allá. Como si de una película de ciencia ficción se tratara, cualquier persona que desarrolla su trabajo de repente es convocada por un timbre y como hipnotizada, se levanta y empieza a pasear mientras habla. Nadie está ya a salvo de ello. Yo mismo me doy cuenta de que no puedo resistirme a esa nueva maldición, a ese baile de San Vito que me impulsa a levantarme y moverme mientras hablo.

Hace cuatro años me mandaron a una oficina nueva donde estábamos unas 200 personas en un área de trabajo. Quedaba una zona libre alejada de las mesas que tenía dos columnas en medio. Cuando llamaban a alguien por teléfono se levantaba y como un zombi se dirigía a esa zona donde se ponía a caminar lentamente alrededor de las columnas. He llegado a contar hasta cinco personas rodeando lentamente las columnas, todos en la misma dirección mientras hablaban, mejor dicho, mientras hablábamos por teléfono ya que yo era uno de ellos. Nadie parecía reparar en los que caminaban y hablaban a su lado con las miradas perdidas o bien fijas en un interlocutor que no estaba allí. Al colgar y no antes, me vino a la memoria una escena de la película El Expreso de Medianoche que les muestro a continuación. En ella, en la prisión turca los reclusos caminaban lentamente alrededor de una columna, murmurando como idos, y el protagonista americano, superado por la situación se unía a ellos como uno más


Finalmente volvimos a cambiar de oficina y en el pasillo central del nuevo edificio hay carteles en los que dice que por favor hables por el móvil desde tu sitio porque molestas a los compañeros. Por supuesto se hace caso omiso de dichos carteles y ahora en vez de columnas tenemos una escalera circular y un pequeño pasillo de paso. Pero se nos queda pequeño y acabamos en el gran pasillo central, pasillo arriba, pasillo abajo, hasta que cuelgas y teléfono y tardas unos segundos en ubicarte para volver a tu sitio. Somos zombis habladores a tiempo parcial, los modernos “Talking Dead” que pululan durante un rato por todas las empresas y todavía no se ha encontrado un remedio para este mal.

Lo cierto es que echo de menos mi columna de hablar.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cenas de Navidad

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Ya están aquí. Las agendas se llenan de cenas de Navidad con los amigos, con los compañeros de trabajo, con los ex compañeros de trabajo, con los primos, con tu asociación de ex amantes… con todo el mundo.
Y aquí llega mi habitual mosqueo de fin de año con el sector hostelero. Les cuento mis dudas y tal vez alguien del sector me lo pueda explicar.
Si un restaurante que cobra 10€ por un menú del día muy decente y los fines de semana digamos que por 20€ te da de comer muy aceptablemente ¿porqué quiere cobrarte 50€ por una cena en la que te vas cabreado y con hambre? Yo pensaba que lo normal es mejorar el precio para grandes cantidades de comensales y no encarecerlo. El mensaje que mandan es “Gracias por llenarme el local con gente que va a tomar un menú preestablecido y que por tanto me resulta mucho más cómodo y previsible preparar, además de poder optimizar mis costes. Para agradecértelo te lo cobro al doble de lo habitual y te invito a un chupito y un café”.
Los menús se parecen extraordinariamente a los de todos los días pero plagados de literatura que alimenta la imaginación pero nada más. Todo se llena de coulís de frutos rojos, lechos de cebolla caramelizada, espumas de increíbles aromas, crujientes de cosas que no deberían serlo, aderezos de reducciones y vinagres balsámicos de Pedro Ximenez. Aunque lo que de verdad se reduce es la cantidad. Y esto me lleva a la siguiente pregunta:
¿Porqué si pago mis 50€ por una cena, la tengo que compartir mi primer plato con tres personas más? No falla. Si en el menú dan varios primeros, vete afilando el cuchillo, pero para clavárselo al de al lado si se quiere apropiar de TU croqueta de boletus. El revuelto de morcilla debe ser repartido cuidadosamente con el microtomo que también se usó para cortar transparentes lascas de jamón de pato. Supongo que el jamón de saltamontes será la próxima delicatessen en dosis homeopáticas que nos ofrecerán en el menú. Y a los postres tres cuartos de lo mismo, o mejor dicho, un cuarto porque los 4 profiteroles con dibujito de salsa de xocolata indonesia desatan miradas de suspicacia entre los comensales. ¿Será la ración de uno? ¿Tocamos a un pastelito por barba? ¿Alguien no quiere el suyo? ¿Podré lamer el plato al final? La salsa tiene muy buena pinta.
Otra cosa que saca lo peor de mí es cuando no has terminado tu triste pastelillo y aparece un camarero que empieza a retirar cosas de la mesa para poner los cafés. La tensión se masca a falta de mignardises. ¡Alguien no se ha comido un bombón de chocolate blanco! Empieza el dilema de “mataría por comérmelo pero mi educación en un colegio de pago hará que un gañan se lo papee sin pudor”.
Y el siempre sonrojante ritual de recoger el dinero de los diecisiete comensales que ¡oh, sorpresa! recae entre grandes risas en Kutusov, que es economista. ¡jaja que risa! Oye que fulano se ha tenido que ir y no sé a quién le ha dejado el dinero, que hay tres que quieren pagar con tarjeta. ¡Dios! ¿porqué me bebería cuatro copas de vino? Bueno sí, porque tenía hambre. Ahora tengo hambre, dolor de cabeza y 50€ menos.
No me hagan mucho caso. En una hora me voy a una cena con compañeros y nada de esto ocurrirá… ¿o sí?


sábado, 12 de noviembre de 2011

430 D.C.

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Últimamente circula por Twitter una frase ingeniosa que dice “Grecia se hunde, los persas (irán) se vuelven agresivos y Roma sucumbe al caos. Bienvenidos de nuevo al 430 D.C.” Pues sí, todo eso está ocurriendo y para terminar de romanizar el asunto quisiera que se fijaran en un detalle.

Los gobiernos de Grecia e Italia han depuesto a sus jefes de gabinete y han colocado a tecnócratas. Personajes sin una clara adscripción política pero educados en las mejores universidades del mundo y con experiencia de décadas en el campo financiero. El respetable público por ahora no se ha quejado en los dos países pero ¿por qué?
Podría pensarse que se conforman con quitarse de en medio a los líderes que han votado hace un par de años como cabeza de turco por la crisis que les ha tocado vivir. Pero eso no les va a sacar de la pobreza ni de las dificultades. Todo lo contrario, les han puesto allí para realizar las tareas que ningún político podría hacer como recortar salarios, despedir a miles de funcionarios, retorcer las leyes hasta hacerlas sangrar y sangrar a los contribuyentes hasta que se retuerzan.
Tal vez se han hecho a la idea de que ahora toca sufrir y pasarlas canutas, pagar los errores del pasado y salir del hoyo a base de restricciones y penurias. Aceptan la pérdida de derechos y libertades porque no queda otra y el estado se hará cargo de cuidar a los ciudadanos que lo necesiten aunque no como antes por que no hay dinero. Dicho de otro modo, como ciudadanos atribulados no se centren en la política sino en sobrevivir.

¿No les suena el sistema? Se lo voy a recordar. Se llama dictadura y consiste en un gobierno extraordinario que se confiere a una persona en épocas de tribulación, guerras, etc. con poderes plenos y durante un periodo de tiempo limitado. Los romanos que eran muy prácticos lo inventaron en el 501 A.C. y  lo aplicaron varias veces.
No se alarmen demasiado. Ahora los nuevos dictadores (a la greco-romana) no tienen la potestad de cortarle la cabeza a nadie, pero no me negarán que aquí llevaríamos muy mal que nos impusieran un dictator no elegido por el pueblo y que tomara decisiones muy impopulares.  Pues está pasando.

Es la semana uno de esta nueva forma de política y calculo que para Enero, los tumultos en Italia y Grecia reprimidos convenientemente por sus legiones de fuerzas de seguridad  con el apoyo de los parlamentos (Senatus Populusque Romanus) habrán dejado sus primeros muertos. Y no quiero ni pensar qué pasará en España después del 20-N, pero me temo que no va a ser un camino de rosas.
El mensaje que quiero enviarles es que cuando las cosas vienen mal dadas y tenemos problemas y miedos somos más receptivos a ceder libertad por bienestar. Las pérdidas de libertad les recuerdo que tardan muchísimo en recuperarse.

Como escuché en una película “Así termina la democracia. Con un estruendoso aplauso”


domingo, 6 de noviembre de 2011

La desaparición de la clase media

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Lo veía venir en 2008 y lo empecé a denunciar en este blog a partir de 2009. Lo de los 400€ me puso en alerta. Cuidado Kutu que lo que fácil llega, fácil se va; easy comes, easy goes que dirían los anglosajones. Demasiado bonito para ser verdad. Al año siguiente se acabó la alegría, esa que dura tan poco en casa del pobre. Y lo malo es que un montón de gente que nos consideramos clase media vamos de cabeza para pobres. La clase media desaparece señores, y las señales ya quedaron atrás. Lo que vemos ahora son pruebas reales de lo que digo.
En las últimas semanas y de labios de amigos, compañeros y conocidos con los que antaño me he ido a cenar a buenos restaurantes, he escuchado datos y cosas que son para ponerse nervioso. Me he dado de baja de la TV por cable porque total con los de la TDT son suficientes, del teléfono móvil, del seguro médico que la verdad, la Seguridad Social no está nada mal aquí. Estas navidades hemos quedado en que no nos hacemos regalos, bueno a los niños sí, pobrecitos, pero un detalle que no tienen ellos la culpa de cómo están las cosas. Compra más macarrones y más arroz  y la carne para el fin de semana que vienen mis padres y no quiero que se preocupen. El pescado ni se sabe el tiempo que hace que no lo comemos. El seguro del coche no podemos dejar de pagarlo pero lo hemos puesto a terceros que nos ahorramos un dinero. Este año no nos vamos de vacaciones, que es salir de casa y ponerse a gastar, y lo sufrimos hasta la extra de Navidad, vamos, que ni a la casa de Carcagente que nos dejan tus padres llena de comida, que no me merece la pena por diez días andar penando cuatro meses. Y es que la extra de Verano la guardo en un calcetín para comprar en Septiembre los libros de los niños y la ropa, que mira que crecen los condenados, y pidiendo marcas a su edad. Oye, menos mal que el frío ha llegado en Noviembre, porque me resisto a poner la calefacción, que el último leñazo de 300€ de calefacción nos dejó temblando. Y la electricidad, ya no sé que hacer para que no suba el recibo. Como no nos alumbremos con velas, yo no sé… Se acabó eso de comer de menú del día, que ahora me la llevo en un tupper y unos euros que me ahorro al mes. Igual que el coche para ir a trabajar, que lo dejo para días de lluvia y el resto en metro aunque tarde media hora más.
Todo esto lo he escuchado y algunas son de cosecha propia. Y la pregunta que habría que hacerse es ¿Adónde nos lleva todo esto? Pues lleva a que perdemos opciones de elección. Nos lleva a ser parte de una masa controlada desde lo más básico; salud, educación, alimentación, trabajo. Nos dirigimos a la proletarización de las masas en el sentido marxista, e incluso romano de la palabra. Nos lleva al final de la clase media. No se engañen; las clases sociales que no tienen nada que perder son las que están dispuestas a ceder libertad por bienestar y en esa pérdida de libertad la perdemos todos.