¿Se han dado cuenta? Volvemos a hablar de los inmigrantes. No de los extranjeros sino de los inmigrantes ilegales. Con el follón de
Vic y de
Torrejón de Ardoz se ha vuelto a hablar de este tema pero cada vez de una forma más inquietante, o al menos yo lo percibo así. Se empieza a recortar derechos de un grupo y la cosa suele terminar mal.
Voy a intentar explicar mi posición al respecto que para eso están los blogs.
Antecedentes
Desde que me casé hace trece años hemos tenido servicio doméstico. Los dos primeros años era una señora asturiana encantadora, eficacísima y que había trabajado en casa de mi mujer desde hacía lustros. Finalmente se jubiló y como tuvimos a nuestro primer hijo contratamos a una chica ecuatoriana para que se quedara con el niño mientras íbamos a trabajar. Esta chica estaba ilegal, pagó entonces 150.000 pesetas por su billete turístico y le prestamos la mitad para devolver su deuda. Vino de Ecuador con una maletita en Agosto pero cuando llegó el frío en Octubre fuimos a comprarle ropa de abrigo antes de que le diera un mal. Cuidó de nuestro hijo muy bien y nosotros de ella, y después de dos años decidió volver a Ecuador. La última noticia que tuvimos de ella es que tuvo un hijo, las cosas no le fueron bien allí y quiso volver a España pero no pudo.
Después contratamos a una mujer peruana con la que con los años hicimos una sincera amistad. Vino sola de forma legal dejando a su marido e hijos en Perú. Trabajó muchísimo y logró reunificar su familia. Primero sus hijos menores y después su marido. Sus hijos estudiaron en colegios públicos y la hija mayor está a punto de terminar su carrera universitaria. Además lo ha compaginado con un trabajo. El hijo menor se va a hacer soldado profesional. La madre consiguió un trabajo en una factoría y dejó de trabajar en el servicio doméstico. El marido trabaja como conductor. Yo les he hecho sus declaraciones de impuestos y les garantizo que pagar, pagan como todos.
Posteriormente han pasado por mi casa con mejor o peor suerte dos rumanas, otra peruana, una boliviana y una paraguaya; siempre ilegales. Salvo en un caso que despedí por mala fe de ella, todas estas personas querían trabajar, labrarse una futuro y que nadie les regalara nada. Gracias a ellas pudo trabajar mi mujer, estar tranquilo yo y tener nuestra casa recogida. Siempre nos hemos dicho que ne debíamos implicarnos en sus problemas personales, pero ¿es posible no implicarse con alguien que está en tu casa cuidando a tus hijos?. Siempre que contrato a alguien le digo que pongo en sus manos todo lo que tengo; mi casa, mis hijos y mi vida, y que por lo tanto confío en ellas. Y siempre (salvo un caso) han respondido como esperaba.
Conclusión.
No puedo pensar en negarles a estas personas ni la atención sanitaria ni colegio para sus hijos. Yo voy a los mismos ambulatorios y mis hijos estudian en un colegio público por si alguien piensa que estamos en otro estatus. Si se empieza a considerar a ciudadanos de segunda, es un paso hacia, la injusticia, la esclaviud y la falta de libertad global.
Ya sé que nuestro sistema no puede aguantar un millón más de inmigrantes, pero la solución puede que pase por controlar las fronteras, hacer acuerdos con otros paises, o no sé. Lo que no se puede es convertir a cientos de miles de personas en parias porque el resultado puede que no nos guste.
